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Echo de menos todas esas cosas que podríamos hacer juntos.

Echo de menos que nos riamos como dos idiotas.

Echo de menos verte en el otro lado del sofá, acurrucado.

Echo de menos ser tu copiloto en el viaje impredecible.

Echo de menos que me abraces antes de dormir.

Te echo de menos a ti.

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Cuídate

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Cuídate del arrepentimiento, de la herida curada en la piel del otro, de decir en el tiempo lo que no dijiste y que te alcance el recuerdo por su ausencia.

Cuídate y haz. Que es más duro olvidar cuando has dejado morir el corazón en tus manos, que cuando pones tu corazón en las manos merecidas.

Sara Búho

Himno Nacional

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Volverán las mañanas felices

La época en la que dejemos de ahogarnos en conversaciones de ascensor

Intentando sostener una imagen que nos protege de nosotros mismos

A la vez que ayuda a mantener el equilibrio de

Esta obra de teatro a la que llamamos existencia

Nadie avisó de los baches y las caídas

Aun así: un pie delante del otro,

Un pie delante del otro, desafiantes

Qué importa lo que diga el mundo y cuán fiera sea la tormenta

No dejes que te arrastre y te hunda bajo la arena

Porque si logras mirar más allá del tiempo y del espacio,

De los números, de los colores y las formas

Hay un segundo en el que todo cobra sentido

Y hasta el miedo desaparece

Al fondo, entre las sombras, la luz ha dibujado una frase

No estás sólo en este mundo

https://youtu.be/srav1TNKjyQ

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Preciso tiempo necesito ese tiempo que otros dejan abandonado

porque les sobra o ya no saben

que hacer con él

tiempo

en blanco

en rojo

en verde

hasta en castaño oscuro

no me importa el color

cándido tiempo

que yo no puedo abrir

y cerrar

como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol

para andar por el filo del descanso

para pensar qué bien hoy es invierno

para morir un poco

y nacer enseguida

y para darme cuenta

y para darme cuerda

preciso tiempo el necesario para

chapotear unas horas en la vida

y para investigar por qué estoy triste

y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme

en el canto de un gallo

y para reaparecer

en un relincho

y para estar al día

para estar a la noche

tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso

o sea necesito
digamos me hace falta

tiempo sin tiempo.
Mario Benedetti

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Mil ciento cincuenta días. O lo que es lo mismo 3 años, un mes y 25 días.

Mil ciento cincuenta días de idas, venidas, amor, odio y reconciliación. Cientos de horas invertidas en Skype, miles de fotos enviadas por WhatsApp y 337km que nos han separado.

Y hoy, justamente hoy, hace 365 días que cenamos juntos por primera vez. Que dormimos juntos, que paseamos juntos, que lloramos juntos. 

365 días en los que mi vida ha girado 180 grados y voy en dirección opuesta a ti. 

Y aún así sigues ahí (¿o sigo aquí?) a un mensaje de distancia. 

Mil

Ciento

Cincuenta

Y ni uno solo en el que no haya pensado en ti.

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Me acostumbré a tu risa, a tu olor. A esas conversaciones eternas. A los momentos en los que perdíamos la noción del tiempo, donde nada más nos importaba, donde el resto del mundo parecía no existir. Me acostumbré a tenerte a ratos. Me conformé a tus idas y venidas. Pero pronto las esperas se hicieron cada vez más largas y las noches cada vez más frías.

Y tu vida tan poco estable comenzó por desestabilizar la mía. Me rendí, me agoté y mis pies no pudieron resistir más el camino. Y ahora miro tus ojos y siento que todo se acabó. Pero también puedo decir que de nada me arrepiento, que el destino, o la suerte, sea quien sea, me ayudó a ver la realidad. Y por muy dura que fuera, comprendí que la mejor decisión fue cerrar mi puerta, sin una posible rendija a la que poder asomarte, sin un resquicio de luz que te dejara espacio para una nueva oportunidad. Y sé que mañana agradeceré tu partida, lo sé, porque estaré al lado de alguien que me entregue todo a cambio de nada, al que no tenga que mendigar restos de cariño. Al que me de esa seguridad que tanto busqué en ti y no encontré. A quien no tenga que exigirle mi sitio. Quien me devuelva la ilusión y las ganas. Quien me de la fuerza para levantarme y que si no es así, se acueste a mi lado y espere a que esté preparada para hacerlo. Libre de mentiras, libre de miedos.
Somos cada uno de nosotros quienes tenemos la capacidad de cambiar el rumbo de nuestro destino. No tenemos porque conformarnos con mitades, nos lo merecemos todo. Nos merecemos un amor que nos envuelva de cariño, de pasión, que nos enseñe la parte bonita del mundo, la que ahora no logramos ver por las lágrimas que empañan nuestra mirada. Y a ti que estás leyendo esto, ojalá te de las fuerzas para cambiar tu vida, para hacerte ver que todavía hay cosas buenas que nos esperan, y que aunque estén escondidas debemos ir en su busca, porque están ahí esperándonos, y tarde o temprano las encontraremos.

No desesperes en la lucha aunque a veces flojeen las fuerzas, mantente firme, porque eres fuerte y porque no hay nada que pueda derrumbarte. Porque no existe mayor amor del que se tiene a uno mismo y eso al final va a ser lo que nos ayude a no depender de nadie para ser felices, ni a buscar siempre un apoyo para mantener nuestra estabilidad.
Carla Valdés